¿HAS PERDIDO TUS DETALLES?

¿PRECARIEDAD, DIVERSIDAD Y FELICIDAD?, NO TODO VALE.

El lema: Libertad, Igualdad, Fraternidad es una de las referencias asociadas a la revolución francesa y son valores fundamentales que definen la sociedad francesa y una forma utópica de gobierno democrático que desean la mayoría de los ciudadanos.  Después del trabajo decente de la OIT (Juan Somavia, 1999) y la dignidad “el trabajo dignifica al hombre”, el derecho a un entorno de trabajo seguro y saludable ha sido incluido dentro de los Principios y Derechos Fundamentales en el trabajo en la Conferencia Internacional de la OIT, el pasado 10 de junio de 2022. No va a ser por conceptos filantrópicos y humanitarios, ahora dirigidos al trabajo, en plena efervescencia de la salud mental laboral.

Un problema no de la pandemia, pero agravada por esta, pues desde los años de la dura crisis económica de la pasada década, y a raíz de los ajustes realizados asistimos al progresivo deterioro de las condiciones de trabajo y de la situación laboral de las personas pertenecientes a los colectivos que ya eran de por sí más vulnerables: personas mayores, inmigrantes, jóvenes, personas con diversidad funcional o con alguna discapacidad, mujeres. Poner en el centro de las políticas únicamente la recuperación económica, la productividad y la rentabilidad y la capacidad de supervivencia de las empresas no ayudó precisamente a considerar esa otra vertiente humana que sí estaba en cambio en las agendas de organismos internacionales como la OIT, las Naciones Unidas, y, desde luego, en el debate académico a propósito del logro de un trabajo decente, justo, igualitario y socialmente sostenible.

La diversidad de trabajadores y la gestión de la misma en el lugar de trabajo son, en la actualidad, cuestiones importantes para la seguridad en el trabajo. Sin embargo, la diversidad rara vez ha sido contemplada en la evaluación de riesgos. Las herramientas de evaluación de riesgos de índole práctica que tienen en cuenta los riesgos concretos a los que se exponen, por ejemplo, los trabajadores de edad avanzada, las personas con discapacidad, los trabajadores inmigrantes, las mujeres y los trabajadores temporales, siguen siendo poco frecuentes.

La relación entre precariedad y salud mental ha sido ampliamente estudiada en los campos de la epidemiología de la salud, la sociología del trabajo y la psicosociología. Hoy en día, dicha relación supone un pilar fundamental en materia de prevención en salud laboral, pues sabemos que la precariedad es la causa de una amplia variedad de patologías físicas y mentales más o menos severas. Sin embargo, hay dos aproximaciones contrapuestas a la hora de entender y abordar la intervención en cuestiones de precariedad y salud mental: una más centrada en el contexto y en los determinantes laborales, y otra centrada en el individuo y los determinantes psicológicos. Dentro de esta segunda aproximación se enmarcan la mayoría de enfoques centrados en el bienestar y la felicidad laboral. Sin embargo, aunque en los últimos años el interés en aumentar la felicidad como forma de preservar y potenciar la salud mental de los trabajadores ha ido en aumento, los resultados que se obtienen por esta vía distan mucho de cumplir los resultados esperados. En este sentido, es necesario entender por qué y explicar las razones teóricas y empíricas por las cuales el enfoque contextual sigue siendo la aproximación más eficaz y sólida al problema de la salud mental en el trabajo.

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